La potente personalidad de Tamara de Lempicka (1895(?)-1980) guarda similitud con la de otras eslavas de su tiempo como Misia Sert o Gala Dalí. Pero algo la distingue: nunca quiso refugiarse a la sombra de un artista que diera sentido a su existencia. Nacida en Rusia en una familia burguesa de origen polaco, a raíz de la Revolución emigro a París, donde en el período de entreguerras elaboró sus cuadros más valiosos: retratos y desnudos de técnica impecable inspirados en los maestros del Renacimiento, a los que dotaba de una nueva libertad.